Santiago

La ermita de Santiago se alzaba en las inmediaciones de la fuente del mismo nombre, junto a la Calzada de la Plata, donde se encontraba un santuario prehistórico, de cuya existencia ofrece testimonio un conjunto de petroglifos prehistóricos que se han hallado en las inmediaciones.

Los orígenes de dicha ermita debían de remontarse al siglo XII, época de la repoblación de la zona de Salvatierra, aunque es posible que, en el lugar que ocupaba dicho santuario —derruido—, ya existiera otro anterior, lo que retrotraería a los siglos IX o X la construcción del primitivo edificio.

Está claro que la erección de la referida ermita se hallaba ligada al culto del Apóstol Santiago, en un antiguo camino de peregrinación a Compostela, que, topográfica y geográficamente, coincidía con la Calzada de la Plata. Constituido Fuenterroble de Salvatierra en lugar de paso del Camino de Santiago, se entiende el que fuera levantada una ermita bajo la advocación de dicho apóstol. A escasa distancia del santuario en cuestión, se levantaba el monasterio-albergue de Santillán, ya en el término de Casafranca, pero en el límite con el de Fuenterroble, en un entorno caracterizado por la presencia de restos visigodos. Y aunque era la Calzada de la Plata la que canalizaba la mayor parte del flujo de peregrinos, algunos otros utilizaban la llamada calzada de Santillán, desde la que luego enlazaban con aquélla. Precisamente, Santillán es San Illán o Julián, conocido en la hagiografía cristiana con el sobrenombre del Hospitalario.

En el primer tercio del siglo XVII, la ermita de Santiago se hallaba muy deteriorada, por lo que el visitador pastoral de la diócesis mandó repararla: “Aquí hay una hermita de Sanctiago, destruyda y maltratada, quedó orden para repararla a costa de la limosna del pueblo, esta hermita tiene de tres a tres años, siete fanegas y media de trigo”[1].

Las reparaciones de dicho edificio lo mantuvieron en pie hasta bien entrado el siglo XVIII. A comienzos del mismo, se mencionaba la referida ermita como dedicada a Santiago Apóstol, el Mayor, señalando, además, que se hallaba bajo el gobierno del arcipreste y que cuidaba de ella y de sus rentas un mayordomo, el cual era nombrado, cada año, el día de la fiesta de Santiago y San Felipe, en que se celebraba una procesión, que, partiendo desde el pueblo, llegaba hasta el referido santuario, donde se decía misa, usando del mismo protocolo y formulario que en la misa que se oficiaba el día 25 de abril, festividad de San Marcos. El referido día de Santiago y San Felipe, el concejo de Fuenterroble daba de limosna quince reales de vellón a la mencionada ermita[2].

El día de la Pascua del Espíritu Santo, los vecinos marchaban, en rogativa, hasta la ermita de Santiago, donde se decía misa por los buenos temporales, y el concejo del pueblo pagaba quince reales de vellón, esto es, la misma cantidad que aportaba el día 25 de abril[3].

En el año 1755, la autoridad eclesiástica mandó que la ermita de Santiago y San Blas fuera adecentada, mediante un retablo pintado con la representación de Santa Águeda y costeado con las limosnas de los feligreses “a correspondencia del que tenía el Santo Cristo de la Pasión”. También se mandó que se renovara la cabeza de la santa.


[1] A. CASASECA y J. R. NIETO: Libro de los lugaresOp. cit.; pág. 128.

[2] Archivo Diocesano de Salamanca. Libro Becerro, 211/34; fols. 26 y 50.

[3] Ibídem; fol. 27.